Las dinámicas de poder ocultas no se ven a simple vista, pero influyen en nuestras relaciones, en los equipos y hasta en la forma en que se toman decisiones cotidianas. Solemos intuir que algo no va bien cuando sentimos incomodidad al expresarnos o notamos que ciertos temas se evitan constantemente. Reconocer estas dinámicas nos permite actuar con más libertad y responsabilidad.
¿Por qué hablamos de poder oculto?
El poder es una energía presente en todo grupo humano. Sin embargo, la mayoría de las veces no se muestra abiertamente. Aparece disfrazado de costumbre, tradición, “así se hace aquí” o incluso de buena voluntad. En nuestra experiencia, las dinámicas de poder ocultas son aquellas que establecen quién puede proponer cambios, quién calla, quién siempre resuelve y quién nunca es escuchado.
A simple vista, las relaciones pueden parecer equilibradas. Pero debajo de la superficie, hay corrientes invisibles. Percibirlas requiere atención y honestidad.
El silencio puede revelar más que las palabras.
Señales tempranas de dinámicas ocultas
No identificamos el poder oculto solo a través de palabras. A veces el cuerpo, los gestos y la atmósfera nos dan más pistas que cualquier conversación. Basándonos en experiencias reales, compartimos algunas señales que se repiten en ambientes donde este tipo de poder toma forma:
- Ciertas personas siempre lideran las reuniones, aunque no tengan cargo formal.
- Algunos temas se evitan por “el bien del grupo”.
- Las decisiones importantes se toman fuera de los espacios formales.
- Quienes disienten suelen ser aislados, criticados o descalificados sutilmente.
- El reconocimiento o las oportunidades siempre recaen sobre los mismos.
Estas señales pueden pasar desapercibidas si actuamos en piloto automático o priorizamos agradar sobre expresar lo que vemos.
¿Cómo identificar dinámicas de poder en diferentes contextos?
Cada ámbito tiene su propia manera de esconder o mostrar el poder. Analizamos tres escenarios habituales: organizaciones, familias y grupos sociales.
En organizaciones
En el entorno laboral, el poder oculto puede tomar forma de favoritismos, reglas no escritas o alianzas entre departamentos. Hemos visto casos donde ni siquiera los jefes formales ostentan el mayor control, sino quienes dominan la información o los recursos clave.
Para detectarlo, recomendamos observar:
- ¿Quién decide cuándo y cómo se manejan los problemas?
- ¿Quién define las prioridades reales (no sólo en los papeles)?
- ¿Qué sucede con quienes proponen cambios audaces?
- ¿Cómo reacciona el ambiente ante el error?
En familias
En las familias, el poder oculto a veces se disfraza de cuidado. Cuando notamos que una sola persona toma las decisiones, aunque aparentemente consulte a los demás, hay una señal clara. También lo es cuando los límites se mueven dependiendo de quién los ponga o de cómo se reaccione a las críticas.
La persona que siempre debe ceder, o la que nunca puede equivocarse, suele estar en el centro de estas dinámicas.

En grupos sociales
La pertenencia a un grupo social requiere acuerdos, pero cuando ciertas opiniones valen más que otras, o cuando se crean “zonas prohibidas” para los debates, podemos estar ante una dinámica de poder oculta. Es frecuente en comunidades, organizaciones voluntarias y hasta en grupos de amigos.
¿Qué indicadores tenemos?
- Temas que nunca se tocan, aunque preocupen a varios.
- Personas que “traducen” lo que otros dicen antes de que el grupo lo acepte.
- Cambios de normas pactados solo por algunos, pero que afectan a todos.
Mecanismos que perpetúan el poder oculto
Una vez instalado, el poder oculto se mantiene mediante diversos mecanismos que lo protegen de la luz directa. Nuestra experiencia señala estos principales:
- La confusión entre lealtad y obediencia.
- El miedo al conflicto abierto.
- El uso de la culpa o la vergüenza para censurar la disidencia.
- El mito de la “armonía” a cualquier coste.
- Las recompensas selectivas al conformismo.
Identificarlos nos ayuda a no caer en la trampa de repetir el ciclo.
Herramientas para visibilizar el poder oculto
No hay una sola forma de sacar a la luz lo que está oculto. Sin embargo, hemos comprobado que ciertas prácticas resultan eficaces para sensibilizar a los grupos y comenzar a transformar estas dinámicas.
- Propiciar espacios de diálogo sin juicios.
- Observar nuestras reacciones corporales: tensión, incomodidad, deseo de callar.
- Pedir feedback de manera abierta y segura.
- Rotar los roles y las responsabilidades dentro del grupo.
- Nombrar lo que se observa con respeto y claridad.
Cuanto más habitable sea el espacio para la diferencia, menos poder oculto encontrará campo fértil.
Ejemplo práctico: “El caso del proyecto silenciado”
En una ocasión, realizamos una dinámica con un equipo donde el mismo proyecto era propuesta y rechazada continuamente sin una razón explícita. Al mirar más de cerca, identificamos que la oposición emanaba de una persona con fuerte peso simbólico, aunque no tenía un cargo oficial. El resto del grupo evitaba discutirla abiertamente por temor a crear conflicto.
Solo cuando se nombró esta influencia y se permitió la voz de quienes solían callar, la situación se modificó. El grupo pudo deliberar desde un espacio más abierto y honesto, reformulando el proyecto de una manera más colectiva.

El primer paso es la conciencia
Identificar dinámicas de poder ocultas no busca culpables, sino hacernos conscientes de lo que opera debajo de la superficie. Cambiar estas dinámicas comienza reconociendo su existencia y atreviéndose a ponerlas en palabras.
La claridad es el primer antídoto ante el poder que se disfraza.
Cuando nos atrevemos a mirar lo que no se nombra, abrimos la puerta a relaciones y organizaciones más equilibradas.
Preguntas frecuentes
¿Qué son las dinámicas de poder ocultas?
Las dinámicas de poder ocultas son patrones invisibles dentro de un grupo donde ciertas personas ejercen influencia, toman decisiones o definen reglas sin que esto se declare abiertamente. Estos juegos de poder pueden estar presentes en familias, empresas, amistades u organizaciones, y muchas veces condicionan comportamientos y resultados sin que la mayoría lo note.
¿Cómo identificar una dinámica de poder?
Para identificar una dinámica de poder, sugerimos observar quién toma realmente las decisiones, aunque no tenga un rol formal. También ayuda notar quién es escuchado y quién no, qué temas se evitan, y cómo se distribuyen las oportunidades o el reconocimiento. El malestar sin explicación clara suele ser una pista importante de que algo se maneja desde lo oculto.
¿Por qué es importante reconocer estas dinámicas?
Reconocerlas permite que todos puedan participar con mayor equidad y que se generen ambientes más saludables, donde las decisiones no dependan solo de fuerzas invisibles o intereses particulares. Visibilizar el poder oculto es el primer paso para construir relaciones y estructuras más justas y abiertas.
¿Dónde suelen aparecer dinámicas de poder ocultas?
Suelen aparecer en cualquier contexto donde exista interacción humana: familias, empresas, grupos de amigos, organizaciones civiles, equipos deportivos, entre otros. No dependen del tamaño del grupo, sino del grado en que los vínculos y las decisiones sean transparentes o no.
¿Se pueden cambiar las dinámicas de poder?
Sí, pueden cambiarse, aunque requiere tiempo, diálogo y compromiso. El primer paso es identificar y nombrar lo que sucede. Posteriormente, es posible instaurar prácticas más abiertas, rotar roles y fomentar el diálogo directo. Cuando la conciencia y la comunicación se vuelven parte del día a día, las dinámicas de poder ocultas pierden fuerza.
